Desde hace años, pero en especial estos dos últimos, las ONG que trabajan en drogodependencias y otras adicciones, viven una muerte lenta (bueno, cada vez menos lenta) y de hecho muchas ya murieron.
La crisis hizo bajar los presupuestos, pero los destinados a este problema, ya venia bajando desde años anteriores.
Las políticas sobre adicciones, han venido perdiéndose paulatinamente, y todo ello porque se ha vendido que este problema se bate en retirada.
Se equivocan los que piensas así, lo único que ha ocurrido es que las ONG, su trabajo, y las buenas políticas de otros tiempos, han conseguido eliminar la alarma social que despertaban estos temas.
Al final resulta que un buen trabajo, ha sido nuestra peor pesadilla. ¿Si hubiéramos trabajado a medio gas, sin excesiva convicción, etc., ahora aún la sociedad estaría alarmada por tema?. Casi seguro y para colmo, las iniciativas sociales serían necesarias, aunque solo fuera, para acallar conciencias.
Está claro que el fenómeno de las adicciones ha evolucionado, pero no presenta mejores perspectivas que hace años y si se baja la guardia, o mejor dicho, nos quedamos sin guardia, volverá el alarmismo de otros tiempos. Con todo, este no es el problema mayor, el problema será que el alarmismo tendrá fundamento en el aumento de la intensidad de los problemas que este fenómeno traerá a la sociedad y a las personas.
La paradoja de esta situación es que cuando se ha conseguido la clave para eliminar la alarma y estábamos en situación de trabajar seriamente, más allá de actuar como "bomberos" ante una alarma de incendio, la lectura de los responsables públicos ha sido "a otra cosa mariposa".
Las respuestas de la ciencia no nacen de la urgencia, lo hacen desde la reflexión, el estudio reposado y sereno de la investigación y el control exahustivos de todas las variables de un problema. Ahora, que teníamos esas condiciones, se acabó el interés por esto tema. Y como si cuando el bañista en apuro desaparece bajo el agua, entendiéramos que ya no hay problema, así se ha actuado con este fenómeno de las adicciones.
El problema es tan grave que, ni alarma suscita, lo hemos "normalizado", y cuando un problema se normaliza sin resolver, acaba convirtiéndose en crónico y pasando a formar parte de eso que podríamos llamar "males de la sociedad" como quien dice, tenemos que vivir con ésto.
Cuando las cosas llegan a este punto, no queda mas que la esperanza de la respuesta social de los afectados y de los comprometidos. Esperemos que los que llevan años en esta lucha y los que tomen conciencia ahora de este problemas, tengamos la capacidad de poner las cosas en su sitio mediante la reivindicación, la unión, la ayuda mutua, etc., está claro que si no, estamos condenado a que las acciones que este fenómeno pide a gritos no lleguen o sean raquíticas.
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