Seguramente muchos de los que lean esta carta me relacionen con ciertas o ciertas entidades andaluzas en las que he tenido o tengo responsabilidades, pero nada más lejos de mi intención que hablar desde un cargo de responsable; lo que expreso en esta carta es la reflexión, negro sobre blanco, de un ex adicto, un voluntario y a la vez experto en adicciones, que trabaja en este sector desde hace un cuarto de siglo.
Cuanto expongo, para bien o para mal, es de mi exclusiva responsabilidad como persona y no tiene por qué responder a la ideología o forma de ver los tema de ninguna entidad.
Si a estas alturas alguien niega que la respuesta civil solidaria en materia de drogodependencias y adicciones en Andalucía está pasando por sus peores momentos, es que no sabe o no quiere saber de esto.
Unos colectivos que fueron la luz entre las tinieblas de las que muchos copiaron aquí y fuera de nuestra Comunidad Autónoma, se apaga y lo hace además desde una posición cada día menos relevante, diría que : “estamos muriendo rodillas”.
Desde la tradición de las más veteranas asociaciones de este sector como GRESALEX, ANCLAJE, ACALI, AREA, ARCO IRIS, … pasando por las Coordinadoras Antidrogas del Campo de Gibraltar o las más modernas Asociaciones de Jugadores en Rehabilitación y la creación de Federaciones, hemos recorrido un largo trecho con más de 40 años de historia.
Y no es solo que seamos veteranos, es que hemos marcado pautas, desde hace más de tres décadas, en muchos temas. La campaña Un día sin alcohol, o sin juegos de azar, la participación en la red pública de asistencia , los programas en prisiones, la colaboración en la Red de Artesanos o la creación de Comunidades Terapéuticas o el Programa de dispensación de metadona o heroína o la Ley de atención a las drogodependencias, …
Claro que todo no ha sido triunfar, nos hemos equivocados en bastantes ocasiones, pero estos errores siempre fueron fruto del ánimo de progresar, de experimentar, de avanzar; precisamente lo que hace grandes a los colectivos sociales, la fuerza, la constancia y la abnegación, el no rehuir los riesgos.
Miro hacia atrás y siento pena de en que ha quedado todo el esfuerzo de tanta gente que desde situaciones muy precarias y escasamente compartidas por gran parte de la sociedad, hicieron de estos colectivos un arma social pacífica pero beligerante.
¿Dónde nos perdimos? ¿En qué momento empezamos a dejar de ser lo que éramos? ¿En qué día o en qué hora, perdimos el tren de la adaptación a la realidad?.
Me van a disculpar pero yo tengo mi propia teoría. Perdimos el tren, nuestro tren, el de la sociedad civil organizada, el día que nos creímos o nos hicieron creer que éramos el principio y el fin de casi todo en este campo. Perdimos el tren el día que alcanzamos los objetivos que nos planteamos y se nos olvidó que no nos habíamos propuesto otros. Perdimos el tren el día que nos acomodamos y nos sentimos el brazo ejecutor de las Administraciones Públicas (o al menos uno de ellos) y dejamos de ser críticos, abnegados, “peleones” y “molestos”.
Por último, perdimos el tren un día que dejamos de analizar que ocurría en esta sociedad y nos dedicamos a seguir haciendo lo que siempre habíamos hecho.
Ahora es tarde para tanta iniciativa social que ya murió, ahora es tarde para salvar los muebles (casi vamos a tener que vender los que tenemos para sobrevivir… y si no los quiere comprar alguien). Ahora es tarde hasta para evolucionar, porque para evolucionar hay que estar más cerca de la realidad y tener capacidad de reforma. Desgraciadamente estamos lejos y ya no valen reforman, hay que crear de nuevo.
Hace unos meses, un grupo de entidades, de las más relevantes de Andalucía en el sector han decidido unirse para hacer algo en común, aunque sólo sea una cosa, y han descubierto, mejor dicho, se están empezando a descubrirse unas a otras… después de más de 20 años de vivir en el “apartamento de al lado”. Nunca es tarde si la dicha es buena, pero no nos engañemos, conocerse a estas altura es poca cosa, eso habría servido hace años cuando unirse hubiera sido una decisión objetiva y exclusiva de estas entidades. A estas alturas, si estas entidades quieren de verdad volver a una posición de auténtica fuerza social tienen que hacer muchas cosas, cosas importantes y además, no juntas, si no como si fuera una sola.
En primer lugar hay que cambiar las estructuras desde las que trabajamos, mayoritariamente obsoletas y apenas sostenibles económicamente. Hay que renunciar a las nostalgias del pasado, sólo hay que mantener el recuerdo, evitar repetir errores y que como la puya al toro, el pasado nos haga revolvernos y sacar la casta, todo lo demás es carga inútil que nos está dificultando el camino.
Hay que olvidar postulados tan fuera de moda como sectorizarnos atendiendo a sustancias o conductas concretas, hoy día no hay más que una realidad, la adicción, si la ADICCIÓN con mayúsculas; y para ser efectivos contra esta nueva plaga del Siglo XXI, hay que empezar por cambiar la percepción social sobre este problema que en la actualidad es como de “un mal menor”.
Si me apuran, diría que esas respuestas civiles solidarias que un día se dedicaron a una problemática concreta, no tienen futuro si no miran a esta sociedad global, desde la globalidad. No se puede intentar corregir la adicción desde la adicción, como fenómeno al margen de otros. Hoy no se puede tratar a los adictos como individuos “al margen de la sociedad”, hay que tratarlos desde y en la sociedad en la que están, porque están insertados en ella.
Por eso me parece ilógico hablar, por ejemplo, de prevención de adicciones y querer hacerlo desde una plataforma exclusiva. La prevención de estos trastornos adictivos de los futuros ciudadanos y ciudadanas de nuestra sociedad hay que plantearla desde la Educación en su conjunto, desde el ámbito familiar y desde antes de que se cree el propio ámbito familiar, actuando sobre los futuros padres y madres.
Para afrontar estos retos no necesitamos cientos de respuestas ciudadanas, necesitaremos una respuesta ciudadana fuerte, que aglutine en su seno al mayor número posible de personas preocupadas por estos temas, que no se circunscriba a mantener un programa de trabajo limitado en el tiempo y en estrecho espacio de su comunidad más próxima. Habrá que disolver unos colectivos en otros formando un todo con peso real en la sociedad.
En un mundo de multinacionales, de intereses entrecruzados, hacer de francotiradores aunque seamos un puñado, es cuanto menos, suicida.
No hablo de reunirnos y acordar, hablo ya de ser uno. No se trata de crear una pirámide con todas las entidades andaluzas del sector, un modelo que va fracasando a pasos agigantados. Hablo de crear una respuesta social solidaria de carácter horizontal donde la cúspide sean ideas, planteamientos, programas de trabajo y reivindicaciones que mejoren la capacidad de los individuos para evitar caer en una tragedia como la adicción. Unos planteamientos capaces de “enamorar” a cada persona sensibilizada con el problema de la adicción.
No se trata de reagruparnos en otras estructuras más amplias, ese puede ser el método para dar origen a…, pero la realidad es darle menos relevancia a las estructuras y más a sentirnos todos (procedamos de donde procedamos o estemos o no adscritos a una entidad) parte de un colectivo con objetivos claros y asumibles. Crear conciencia de colectivo social unido por las ideas y los objetivos y no por la pirámides de responsabilidades.
El colectivo solidario de andaluces y andaluzas preocupados por el problema de la adicción, no puede ser una entidad, debe ser simplemente el conjunto del sentido de las responsabilidades, libremente aceptadas, de todos/as y cada uno/a en la batalla contra esta plaga.
El poder de ordenar o el pecado de querer manipular desde arriba algo así, debe erradicarse en su totalidad. A estas alturas, triunfaremos si somos capaces de obedecer a la consecución de objetivos compartidos y no a las personas que se arredren, ni democráticamente hablando, la representación o el poder de la dirección.
Creo que ha llegado la hora de que los lideres de este que sería un gran colectivo responsabilizado en la lucha contra la adicción, sean ideólogos y no directivos, sean elaboradores de ideas, programas y metodologías y no administradores. Que su autoridad emane del servicio que prestan sus ideas y no de estar en el momento oportuno en el lugar oportuno, para ser elegido democráticamente.
Se me ocurre el ejemplo de un “catell” de dos plantas, abajo todos los cateller (las personas que forman la torre humana) formando una única base y encima, el “exaneta” (el/la niño/as que culmina el catell). Pero el exaneta no debe ser, en este caso, una la persona o una entidad, debe ser la IDEA, las ideas que unan a todos/as a esforzarse, a dar lo mejor de cada ellos/as.
Tenemos que dejar a un lado las macro estructuras que un día alentó el poder constituido (Las Administraciones Públicas) y volver a los grupos ciudadanos activos, a las células sociales que mantienen la actividad en su pueblo, en su ciudad, en su barrio, en su calle… Y estas células serán efectivas en la medida que todas defiendan una idea, reivindiquen unas mismas acciones y mantengan viva la conciencia social sobre el problema, más allá de si se integran o no en otras estructuras.
Vuelvo al ejemplo del catell y como en ellos, las personas no pierden su identidad, pero no es menos cierto que lucen porque lo que se ve es el todo y no a cada uno de los que lo forman. De la misma manera si queremos volver a tener presencia social y ser eficaces en la lucha contra la adicción, debemos dejar de mirar a nuestras actuales estructuras y sentirnos y actuar como un todo, más allá de que las entidades sigan existiendo en teoría o para dar respuestas a condicionamientos legales.
Si se han podido hacer revoluciones vía “redes sociales” ¿no va ser más difícil generar acciones tendentes a concienciar a la sociedad sobre este problema, por medios similares?. Afortunadamente hoy tenemos medios rápidos y eficaces de compartir ideas, acciones, etc., que apenas requieren esfuerzo ni dinero para ser compartidas, asumidas e incluso puestas en marcha.
Financiar las acciones de un colectivo en movimiento como el descrito, es fácil aún en tiempos de crisis, porque con lo que hoy necesitamos para andar moribundos podríamos generar un movimiento social fuerte y dinámico.
Cuando se tiene poder, y en estos casos el poder es el número y las ideas, pocas y claras, todo lo demás se produce por pura evolución natural. A colectivos así organizados se les respeta, si me apuran “se les teme” (en el mejor sentido de la expresión), porque tienen capacidad de modificar las bases de una sociedad. Ante una realidad así no hay que pordiosear las ayudas, bien al contrario, hay que analizarlas, controlarlas, escogerlas,… porque llegar llegan y el peligro no es que no se obtengan, sino ser inteligentes y antes de aceptarlas analizar “para que” se ofrecen.
Pero aún así, confieso que el campo exclusivo de la adicción es estrecho para dedicarse a él en exclusiva. Una fuerza social semejante pude y debe aspirar a más y, por ello, aprovechando este potencial deberíamos abrir nuestras miras a modificar la sociedad en su conjunto, cuanto menos en lo referente a la “salud social” de todos y todas.
Aprovechar la “marea” para crear conciencia de el abuso sobre los más débiles (racismo, violencia, desigualdad,…). Aprovechar para conseguir bienestar social, justicia, equidad, sostenibilidad, respeto, honestidad…
No pretendo vender un colectivo perfecto, pero si pretendo hacer una reflexión sobre las enormes posibilidades de una acción solidaria conjunta, armonizada, creíble y fuerte. Una respuesta unificada en las acciones conjuntas, pero plural en la posibilidad de defender diferentes ideales. Las acciones conjuntas no necesariamente sirven para defender una única vía, es posible apoyar diferentes sensibilidades si todas llevan a un objetivo global y asumible por todos/as.
Si partimos de que debemos defender, de cuál va ser nuestro ”exeneta” en el campo de la adicción, es bastante fácil definir las líneas maestras:
*Reivindicar un modelo educativo que potencie la creación de personas autosuficientes, libres, solidarias y justas, frente a un modelo que prima exclusivamente la capacidad de captar contenidos formativos.
*Fundamentar la educación en la labor conjunta de los profesionales de la educación y las familias, pero hacerlo desde la practica real, devolviendo la autoridad a los/as maestros/as y profesorado en general, en virtud de la labor educativa que deben ejercer más allá de la puramente formativa.
*Exigir a las familias responsabilidades reales y evaluables en la educación de sus hijos y hacerlo desde la puesta en marcha de acciones que les permitan ejercer su papel de padres/madres y ser artífices conjuntos de la evolución de sus hijos/as dentro del sistema educativo y en el ámbito social.
*Denunciar la manipulación de las personas, en especial los jóvenes, para evitar que se haga de ellos futuros adictos que consuman lo que sea, pero que consuman sin más.
*Concienciar a la sociedad que el modelo que nos están vendiendo es insostenible y que más pronto que tarde quebrará y lo hará por la parte más débil que en la actualidad son nuestros niños/as y jóvenes. Hay que hacer comprender a todos/as que los medios de comunicación, el poder y las grandes industrias del ocio y el consumo, nos manipulan en beneficio de ellos y de sus interese, olvidándose de las consecuencias que a medio y largo plazo podemos sufrir los individuos a quienes dicen informar, proteger o ayudar a poseer.
*Reivindicar que la adicción es un trastorno cuya génesis no depende del individuo sin más, que es un trastorno incitado desde el modelo social y mantenido en aras de conseguir que cada día seamos menos libres y dependamos más de otros/otras para sentirnos realizados como personas, aunque sea como “tristes personas”. Por ello, es la propia sociedad y los medios y fuerzas que alimentan esta tragedia de la adicción, los que deben asumir el coste de las consecuencias y exigirles responsabilidad para evitarlos.
*Acabar de una vez por todas con la injusticia de que unos/as enfermos/as, sigan discriminados en cuanto a dónde, cómo y por quienes, deben ser tratados.
Sólo con abordar una mínima parte de estas líneas, esas partes en las que estemos todos/as de acuerdo, tendremos actividad suficiente para dar entidad a éstos colectivos y al que se pudiera generar con la suma de otros.
Para empezar os ruego me expreseis vuestra opinión al respecto de estas reflexiones, para apoyarlas o para criticarlas, que todo vale. Hacerlo comentando esta entrada en el blog o si es mas facil en mi faccebok o enviado un email a justo.aliseda.miranda@fundacion-ia.com
Agradecido de antemano a todos por leerme